14 de julio de 2023
Lo prostitución no es un trabajo

Este jueves, cientos de mujeres salieron a protestar contra la decisión de crear una dependencia dedicada al “trabajo sexual” en el nuevo Ministerio de la Igualdad. Para ellas, el gobierno nacional está promoviendo la explotación sexual. En palabras de la Women’s Declaration International, “una izquierda coherente con su legado teórico lo que debería hacer es condenar el consumo de prostitución y enfrentar a las mafias tratantes que se lucran de la deshumanización de tantas mujeres empobrecidas”. Claudia Yurley Quintero es una sobreviviente de esa deshumanización que le ha dedicado su vida luchar en su contra. Después de haber sido desplazada, abusada y exiliada, Quintero se convirtió en la cara más visible del activismo contra la prostitución en Colombia. En esta entrevista para DESIGUAL, me contó sobre su descontento actual y sus horizontes históricos.
Eduardo Mestre: Si hay un lugar en Colombia que se asocie a la prostitución es la Torre del Reloj de Cartagena. Hoy, los peatones que pasaron por ese lugar lo que vieron fue a un grupo de mujeres protestando en contra de la prostitución. ¿Qué les decían?
Claudia Yurley Quintero: La gente nos preguntaba qué hacíamos ahí. Había padres de familia que les decían a sus niñas “miren, miren de qué están hablando”. Y nosotras les decíamos que queremos libertad. Que la prostitución no es un trabajo. Que las mujeres quieren educarse, tener bienestar económico, ser parte de la historia de este país, no estar ocultas en pequeños cuartos de prostíbulos. Yo estaba con un grupo de mujeres negras, cartageneras, del Caribe, que me acompañan en esta lucha. Entre las arengas que gritábamos, hay una dice “oye, putero, mi cuerpo no se vende”. Las mujeres no queremos que nuestro destino sea la explotación sexual. Nuestro mensaje era de libertad.
EM: Una organización que dice ser un sindicato del trabajo sexual, ASTRASEX, respondió al plantón diciendo que son ustedes las que están en contra de la libertad, de la libertad de trabajar. Dicen que ustedes son culpables de la violencia en su contra, por promover un discurso de odio. CYQ: Para que algo se llame organización tiene que haber empatía, compañerismo, liderazgo y objetivos. La organización que tú mencionas no tiene nada de eso. Yo no les reconozco ninguna autoridad. Nuestro trabajo es para una inmensa mayoría de mujeres que están en situación de explotación, que llegaron allí por unas condiciones previas y que no queremos que se les criminalice ni que se les persiga. Cuando se declara que las personas que están en prostitución son trabajadoras, se las está obligando a que paguen impuestos, a que adquieran una responsabilidad frente a la Policía y los explotadores, a que paguen seguridad social, a que porten unos documentos. Nosotras las abolicionistas buscamos que las mujeres tengan oportunidades, no que sean criminalizadas, ni que de su cuerpo se lucre el estado. A mí no me preocupan esos cuestionamientos, porque esas personas tienen derecho a hablar lo que quieran hablar. Lo que no se les puede permitir es desinformar. Desconocer lo que significa la abolición es desconocer a lo que países como Francia, Canadá o Suecia le han apostado, que es darles derechos a las mujeres para que puedan salir adelante con sus proyectos de vida. Hoy, sinceramente, estábamos en una fiesta. Yo en Cartagena me la gocé con las tamboras y con la cumbia. En Cúcuta, Bogotá y Medellín también se la gozaron y de eso se trata. Esta lucha es sintiendo el amor, sintiendo que podemos ir venciendo paso a paso todas esas barreras que les ponen a las mujeres para obtener esa libertad.
EM: En ASTRASEX también están de fiesta, pero por otros motivos. La directora celebró con mucha alegría el nuevo departamento de trabajo sexual del gobierno. Ustedes salieron a manifestarse precisamente contra eso, diciendo que eso promueve la explotación. ¿Por qué?
CYQ: Nosotras, como hizo este gobierno cuando era oposición, estamos ejerciendo el derecho a protestar, a oponernos a situaciones que van a afectar a una inmensa mayoría. Cuando nosotras vemos que hay situaciones adversas, tenemos que salir. El presidente Gustavo Petro es un hombre que salió a la calle, que quería subvertir el orden, ¿no? Pues eso es lo que nosotras estamos haciendo. Hoy vimos en la calle muchas sobrevivientes. El 90% de las mujeres que estaban conmigo en Cartagena son sobrevivientes. Ellas tienen derecho a protestar y a oponerse, como lo hizo este gobierno cuando no era gobierno, como lo tiene cualquier persona, porque los gobernantes no tienen la verdad absoluta y para eso está la calle, para que nos escuchen, para salir a gozársela. Yo siento que voy a seguir haciéndolo cada vez que necesitemos ser escuchadas. Insistiremos por los medios normales, escribiéndole a los políticos por las redes sociales, pero al ver que no funcionan las cosas vamos a salir a la calle. Si no se da, iremos a los estrados judiciales, como siempre hemos sabido hacer. Nosotras sí hemos defendido a las mujeres prostituidas en todos los escenarios. Usted puede buscar todas las sentencias de las altas cortes, en favor de víctimas de trata de personas, donde aparece mi nombre. Si salimos a la calle, lo hacemos con conocimiento de causa, con responsabilidad y con amor a nuestras propias historias. Yo no soy un alfil del proxenetismo. Soy una rebelde contra el sistema prostituyente y por eso algunos, pocos, me odian. Saben que yo me les rebelé y que gracias a mi historia hay muchas otras historias.
EM: Pero Francia Márquez insiste en que esa dirección va a servir para proteger a las personas que hacen “actividades sexuales pagas”.
CYQ: En la política no hacen falta las buenas intenciones. Hay un componente técnico y de derechos humanos que es muy importante. Según la Convención para la erradicación de la violencia contra la mujer, la prostitución debe ser desestimulada. Esa convención hace parte de nuestro bloque de constitucionalidad, así como el Protocolo de Palermo, que dice que el consentimiento de las víctimas de explotación es irrelevante. Cuando tú dices “actividad sexual paga”, estás dándole valor al consentimiento para eximir a quien realmente explota. En el sistema internacional de los derechos humanos no existe ninguna norma donde se hable de “actividades sexuales pagas”, porque eso implicaría que, si a uno lo violan y luego le tiran un billete, eso es una actividad sexual paga. La mayoría de las mujeres en prostitución ni siquiera hablan de “tener sexo” en esas situaciones, sino de acordar soportar una situación de violencia. Se trata de que la terminología se base en las realidades de las mujeres, de los derechos humanos de las mujeres, de que cumplamos la normativa nacional e internacional, con la sentencia de la Corte que dice que la prostitución se debe desincentivar y que se proteja a las mujeres que están explotadas en la prostitución. Si hay personas que no se sienten explotadas en la prostitución, estas personas pueden estar también protegidas allí, en el viceministerio de las mujeres, pero hay una vulnerabilidad especial en las mujeres que se sienten explotadas y que resisten.
EM: ¿Qué nos falta, como sociedad, para entender esa resistencia?
CYQ: Me gustaría pensarnos en la igualdad en términos de bienestar y seguridad. Una oficina o una ley no va a forzar a quienes compran cuerpos humanos a respetar. La prostitución no tiene forma de humanizarse, así como un bombardeo tampoco puede ser humanizado. Brindemos opciones de salida.