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15 de septiembre de 2026

El pueblo del terremoto vuelve a las urnas sin certeza: Cartago elige alcalde entre la reconstrucción y un limbo jurídico

El pueblo del terremoto vuelve a las urnas sin certeza: Cartago elige alcalde entre la reconstrucción y un limbo jurídico

Cartago vuelve a votar entre escombros y con un pleito sin resolver

Cartago fue uno de los pueblos golpeados por el terremoto de 7,4 del 10 de agosto, el más duro que ha vivido el país en años. El sismo, con epicentro en San José del Palmar, en el Chocó, dañó casas, edificios y vías en buena parte del occidente y el centro del país. En la ciudad hasta tocó parar por unas horas el aeropuerto para revisar la estructura. Mes y medio después, cuando lo que urge es atender a los damnificados y ponerse a reconstruir, a los cartagüeños les toca ocuparse de otra cosa: volver a las urnas.

Este domingo 20 de septiembre el municipio elige alcalde en unas atípicas. Se convocaron porque el Consejo de Estado anuló, por doble militancia, la elección de Juan David Piedrahíta para el periodo 2024-2027. El fallo quedó en firme el 30 de junio. Y en vez de hacerse a un lado, Piedrahíta se volvió a inscribir para el mismo cargo. Ahí arrancó el enredo: sobre su candidatura hay una solicitud de revocatoria que alega una posible inhabilidad, porque fue alcalde dentro de los doce meses anteriores a esta elección. Faltan cinco días y el CNE todavía no decide.

El miércoles 9 el caso llegó a la sala del CNE. Estuvo casi tres horas ahí y salió como entró: sin decisión, aplazado y sin fecha nueva. Fuentes de adentro cuentan que, en pleno estudio, se dieron cuenta de que a uno de los que debían intervenir no lo habían notificado bien, y eso obligó a devolver la ponencia para corregir. Corregir es lo correcto, porque si no se respeta el debido proceso, después cualquiera tumba la decisión. El lío es el tiempo. Hasta que no salga el auto que arregle eso, y se cumplan los términos y los recursos que metan, nadie sabe cuándo vuelve el expediente a la sala.

Y no es solo Piedrahíta. El CNE también le tiene el ojo puesto a otro, Óscar Esteban Morillo, exconcejal de la coalición Equipo Quintero. Dos ciudadanos pidieron tumbarle la inscripción por coincidencia de periodos: dicen que la renuncia que metió al Concejo, el 5 de agosto, no se publicó a tiempo. El 7 de septiembre el tribunal ordenó reunir los papeles para resolverlo. Mientras los magistrados no digan nada, las dos inscripciones siguen firmes en un tarjetón que completan John Jairo Aguirre y César David Grajales.

Que un caso de este tamaño, con el reloj encima, haya llegado a la sala con una falla en algo tan básico como una notificación no es cualquier cosa. La ponente es la magistrada Ana Jimena Bautista, que viene del Derecho Constitucional, con maestría en Democracia y años en la Procuraduría y el Congreso, con un perfil de garantías. Por eso la pregunta cae sola, y no es contra una sola persona: dónde se cometió el error, quién estaba a cargo de esa diligencia y por qué se vino a notar cuando ya estaban discutiendo el caso.

Y no es el único apurado. El Tribunal de Casanare ya le había ordenado al CNE, después de ampararle el derecho de petición a uno de los que pidió la revocatoria, que dijera qué había hecho con la solicitud, qué le faltaba y en cuánto tiempo iba a resolver. Como vio que la respuesta se quedó corta, le exigió al presidente del organismo demostrar que había cumplido, y le advirtió que si no, le abría desacato. El tribunal no le dijo qué decidir; le exigió que dijera cuándo.

Hay otra pieza que puede pesar en el fondo. El Tribunal del Valle, el mismo que anuló a Piedrahíta, aclaró después que esa nulidad va hacia adelante, no hacia atrás. Apoyado en la línea de la Sección Quinta del Consejo de Estado, dejó dicho que en estos casos el elegido sí tuvo y mantuvo el cargo hasta que la sentencia quedó en firme, y así lo escribió en la parte resolutiva. Contra eso no había recurso. Eso no lo inhabilita solo, esa cuenta le toca al CNE, pero sí sirve para definir qué efecto tuvo su paso por la Alcaldía en el año anterior a esta elección. Y hay ejemplo fresco: en Fonseca, La Guajira, el CNE le revocó en abril la inscripción al alcalde anulado Micher Pérez, un caso muy parecido.

Así que el pueblo carga con dos cosas a la vez. Debería estar volcado en los damnificados y en levantar lo que se cayó, y en cambio le toca una elección atípica, que salió de la anulación del alcalde pasado, con dudas todavía abiertas sobre si dos de los que están en el tarjetón sí pueden estar ahí. El riesgo no es solo que se dañe la jornada. Es que un pueblo que apenas se está parando de un terremoto quede otra vez metido en una crisis que se pudo evitar a tiempo. Y la duda de siempre sigue sin respuesta: si Cartago va a volver a votar sin saber, de verdad, si los nombres que va a marcar están en regla.