La medalla que manchó la toga

Por: Emilio Niño
En colaboración con Jacobo Solano @jacobosolanoc en X

El presidente de la Corte Suprema de Justicia, sí, la mismísima Corte, recibiendo una medalla del Clan Gnecco. Suena a mal chiste, pero pasó. El miércoles 15 de octubre, en el departamento del Cesar, la gobernadora Elvia Milena Sanjuán, representante de ese clan político que lleva años manejando el departamento como finca propia, le colgó al magistrado Octavio Tejeiro la Gran Cruz Extraordinaria “Cacique Upar”.

La prensa local lo llamó un evento “controversial”. Qué elegancia. En realidad, fue un escándalo con moño de oro. Porque ese clan no es cualquier grupito de políticos costeños con sombrero vueltiao y discursos de vallenato. No, señor. Hablamos de un clan con varios de sus miembros investigados o condenados por corrupción. Uno, José Alfredo Gnecco, procesado por sobornos en el famoso Cartel de la Toga. Otro, Luis Alberto Monsalvo, exgobernador condenado a 21 años por el robo descarado del PAE, el programa de alimentación escolar.

¿Y quién tiene esos casos en sus manos? La misma Corte que preside Tejeiro.

Entonces, ¿qué hace el presidente de esa Corte recibiendo una medalla de la misma gente que su institución debería estar juzgando?

Algunos dicen que al pobre magistrado “lo cogieron fuera de base”, que no sabía nada, que le anunciaron la condecoración ahí mismo. Pero venga, si uno es el presidente de la Corte Suprema, ¿cómo no va a tener criterio para decir “gracias, pero no”? Lo peor es que cuentan que el hombre se echó a llorar de la emoción.

El evento, que en teoría era académico, terminó convertido en una rumba politiquera de alto nivel. Magistrados bailando, whisky fino rodando, abrazos, discursos de “hermandad institucional” y sonrisas que olían más a favores que a protocolo.

Mientras tanto, en el Cesar, el PAE sigue siendo el botín del año: sobrecostos de hasta el 300% en algunos productos y contratos que apestan a corrupción. Pero allá no pasa nada, porque todo queda en familia. El director de la Fiscalía del Cesar, Ronald Calderón, también está en el radar por supuestos vínculos familiares con el clan Gnecco. Así, entre compadrazgos, silencios y “ajustes de tiempos procesales”, los casos duermen tranquilos, esperando caducar.

Y ojo, que no todos quisieron poner la cara. El magistrado Francisco Farfán, de la Sala Penal, brilló por su ausencia. Prefirió quedarse quietico. Y no es para menos: fue señalado de filtrar información al Clan Gnecco en el proceso de José Alfredo Gnecco. Dentro de la Corte ya lo ven como una bomba de tiempo, un personaje incómodo que nadie quiere muy cerca, sobre todo ahora que el ambiente anda más turbio que nunca.

Aun así el evento siguió, porque en Valledupar nada termina sin una parranda.

Y sí, hubo parranda. Una fiesta secreta en una casa de campo en Las Marías, justo frente a la feria ganadera. Allá estuvieron varios magistrados, disfrutando hasta el amanecer. Old Parr iba, Old Parr venía, versos, risas, lambonería y brindis.

Una sola instrucción: “Nada de fotos, nada de videos”.

¿La razón? Lo sabían perfectamente: una sola imagen bastaba para encender un escándalo nacional. Porque una parranda con magistrados de la Corte, un clan político cuestionado y whisky de etiqueta… no parece una coincidencia, parece un pacto entre copas.

La pregunta es: ¿qué va a pasar ahora con los casos del clan? Porque los rumores corren más rápido que los vallenatos de Silvestre. Se dice que el expediente de José Alfredo está congelado, esperando caducar. Y que lo de Monsalvo “ya está cocinado”. En los círculos del clan aseguran que saldrá libre, y hasta mencionan una “donación” de 10 millones de dólares moviéndose por paraísos fiscales.

También se habla de una jugada más fina: bajarle la condena a 12 o incluso 4 años efectivos, para luego pedir libertad condicional por buena conducta. Muy al estilo Emilio Tapia, ya saben. Así podría quedar libre justo a tiempo para inaugurar el cascarón de la Cultura Vallenata, el anillo vial y la avenida del río. Ese es el sueño del clan: verlo libre y en tarima otra vez.

La verdad, es que la Corte Suprema la embarro. Un viaje que debía ser académico terminó en condecoraciones, whisky y sospechas.

Y todo por el capricho de su presidente de recibir una medalla que no vale nada, pero cuesta demasiado.

Para mayor información de la investigación, visite en X: https://x.com/JACOBOSOLANOC/status/1980610144128933893

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