Pastor del caos

Por Daniel Valencia

En Bucaramanga la política presiente la llegada de un tornado. La gran mayoría ya en fila tropas y dentro de la Alcaldía varios funcionarios empiezan a desligarse del Pastor Beltrán. Este es un resumen de lo que prometió que cambiaría desde su llegada en tres aspectos y los nulos resultados que lleva hasta ahora.

En 15 días se cumple un año de la elección de Jaime Andrés Beltrán como alcalde de Bucaramanga, ciudad que para ese entonces estaba dentro de las cinco capitales más importantes de Colombia y en la mayoría de sus indicadores económicos y sociales post pandemia era ejemplo nacional.

Primero: prometió desde el primero de enero de 2024 transformar la seguridad de Bucaramanga. Tristemente no ha sido así. En la actualidad, las cifras de homicidios son las más altas de la historia reciente, con más de dos asesinatos por semana y alrededor de cien acumulados en menos de 10 meses; los hurtos son comunes en la mayoría de barrios y los datos que muestran desde la institucionalidad son dudosos debido al subregistro de denuncias; las calles transpiran miedo y zozobra; la falta de autoridad y orden predomina, y el denominado “Plan Candado” se ha reducido a una costosa campaña de marketing que solo ha servido para justificar el absurdo y desbordado gasto en publicidad y merchandising.

Hasta el momento ha tenido dos grandes impactos de marca a nivel mundial: 1) El robo cinematográfico a una joyería en uno de los principales y más concurridos centros comerciales de la ciudad, a plena luz del día y con disfraces inspirados en película hollywoodense. 2) La liberación de alias “Pichi”, uno de los mayores criminales que ha tenido el país, la cual le costó varias salidas en falso y desentendidos con altos mandos de la Fuerza Pública.

De las cárceles, la tecnología y los cientos de policías que prometió traer solo hay memes y justificaciones.

Segundo: afirmó en todos los escenarios donde hizo campaña, incluso en los mismos que hoy lo tienen en un proceso de inhabilidad electoral ante el Consejo de Estado por doble militancia, que las obras que recibía eran “inconclusas” para promover un ambiente de caos y venderse como el “salvador” de las mismas.

Además de ser esto falso, empeoró lo que medianamente venía avanzando con múltiples inconvenientes.

En enero demoraron las obras a través de leguleyadas administrativas para impedir que los contratistas avanzaran en su ejecución y se demoraran mucho más de lo proyectado las entregas. Es decir, obras que fácilmente podrían haberse entregado en el primer semestre de 2024, quedaron aplazadas en el mejor de los casos para fin de año o para el 2025. Un acto mezquino con la ciudad.

Posteriormente, varios contratistas aseguran desde el anonimato que “empezaron a tener problemas, demoras, dilaciones, peajes y llamadas o conversaciones poco transparentes a la hora de realizar los respectivos cobros a la Alcaldía”, es decir, aparentemente regresaron las “primas de éxito” a la tesorería.

En síntesis, es como si su jefe le pidiera un porcentaje de su sueldo por hacerle el favor de pagarle por su trabajo. Una vil bajeza.

Tercero: la lucha contra la corrupción ha quedado disminuida y cercenada al arrepentimiento en la Santa Cena dominical. Aunque Beltrán aseguró ser diferente a toda la clase política que ha dirigido este país, en poco tiempo varios líderes políticos, empresarios y académicos lo catalogan como más de lo mismo. Incluso, el concejal Carlos Parra describió su gestión hace unos días de esta manera: “En materia de corrupción, le puede dar una clase a Fredy Anaya”.

A los pocos días de posesionarse como Alcalde de Bucaramanga, su cuñado fraguaba uno de los posibles negocios de la década: vender alrededor de mil millones de pesos en chatarra que hacía parte del inventario de la Oficina de Alumbrado Público del municipio. Hoy este escándalo le ha generado desencuentros a él y su familia con su pareja Paula Ramírez y ya fue denunciado en la Fiscalía por veedores ciudadanos que han tomado la decisión de defender los recursos y la dignidad de los bumangueses.

A eso se suman varios procesos de contratación con posibles sobrecostos (que ya tenemos y dan para varias columnas), los recientes escándalos de corrupción denunciados desde el Concejo en el Instituto de Salud tras el cambio del manual de contratación, la creación de nóminas paralelas y el aparente direccionamiento de un contrato de Gestión del Riesgo por más de $27.000 millones.

Triste panorama.

Paradójicamente, Jaime Andrés Beltrán será el único mandatario que podrá asegurar que el Atlético Bucaramanga ha sido su mayor bálsamo. Tras la estrella obtenida por el equipo leopardo, los ánimos de la ciudad migraron y terminaron ignorando lo que pasaba desde el quinto piso de la administración central.

A la postre, ejecutaban más de $300 millones que justificaban con la gesta deportiva argumentando el pago de caravanas, refrigerios, apoyo a las barras y temas logísticos de la celebración. Varios hinchas del equipo ya han salido a denunciar estos hechos.

A esto se suman una cantidad enorme de salidas en falso, datos que generan más dudas que certezas, promesas incumplidas desde el día uno, haber conformado un equipo con poca o nula experiencia que ha retrasado y demorado procesos que son básicos en la gestión pública y el olvido en el que se encuentra gran parte de la ciudad.

Existe un esfuerzo diario por parecerse a lo que tanto critican: el presidente Gustavo Petro.

Beltrán sostiene su gobierno con símbolos religiosos, narrativas alimentadas por bodegas en redes sociales, el bloqueo de comentarios a ciudadanos que lo cuestionan y el intento de “dominar” el mensaje en los diferentes medios de comunicación a través de pauta publicitaria; algo a lo que la FLIP debería prestarle particular atención, ya que son varios los periodistas que aseguran haber recibido llamadas para exigirles que borren una noticia, que cambien su enfoque o, incluso, que eliminen publicaciones que han dejado desde sus perfiles personales. Sumado al hostigamiento a quienes se atreven a criticar su dudoso actuar.

En fin, todos somos esclavos de lo que decimos y amos de lo que pensamos. El pastor Beltrán hoy es más esclavo que amo. Hoy su gobierno lo sostiene la “Inteligencia Artificial”.

Adenda: Ojo, si en la Alcaldía de Bucaramanga llueve, en la Gobernación de Santander no escampa.

dfelipevalencias@gmail.com

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